El fair play financiero en la Serie A opera en dos niveles simultáneos: el control doméstico, ejercido por la COVISOC — la Comisión de Vigilancia de las Sociedades de Fútbol Profesional —, y la regulación europea de la UEFA, que desde 2022 se denomina Financial Sustainability Regulations. Ambos sistemas buscan el mismo objetivo — evitar que los clubes gasten más de lo que ingresan y garantizar la viabilidad económica del fútbol profesional —, pero lo hacen con herramientas, plazos y sanciones diferentes.
Para el aficionado que quiere entender por qué un club como Juventus recibió una penalización de puntos o por qué Inter opera bajo la supervisión de un fondo de inversión, el fair play financiero es la clave. No es un tema glamuroso, pero condiciona fichajes, plantillas y, en última instancia, resultados.
COVISOC: el vigilante doméstico
La COVISOC es el organismo de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) encargado de supervisar las cuentas de todos los clubes profesionales. Su función principal es verificar que cada equipo cumple con los requisitos económico-financieros necesarios para inscribirse en la competición: pago de salarios al día, ausencia de deudas fiscales y de seguridad social impagadas, y presentación de estados financieros auditados dentro de los plazos establecidos.
El poder de la COVISOC no es simbólico. Si un club no cumple con los requisitos, puede enfrentarse a sanciones que van desde multas económicas hasta la exclusión de la competición. En casos extremos, el club puede ser relegado administrativamente a categorías inferiores o incluso descalificado. La historia reciente del calcio italiano incluye ejemplos dramáticos: el caso de Juventus en 2023, con la penalización de puntos por irregularidades contables, fue el recordatorio más visible de que la COVISOC tiene dientes y está dispuesta a usarlos.
El sistema de control se complementa con auditorías periódicas y con la obligación de presentar presupuestos prospectivos que demuestren la viabilidad financiera del club para la temporada siguiente. No basta con tener las cuentas en orden hoy: la COVISOC exige que los clubes demuestren que podrán cumplir sus obligaciones en el futuro. Es un enfoque preventivo que, cuando funciona, evita situaciones de colapso financiero como las que han afectado a clubes de otras ligas europeas.
El caso más reciente y mediático fue el de Juventus. La investigación sobre las plusvalías ficticias — operaciones de mercado donde los clubes inflaban artificialmente el valor de los jugadores para mejorar sus cuentas — puso a la COVISOC y a la FIGC en el centro de la atención mediática internacional. La penalización de puntos a la Juventus demostró que el sistema de control doméstico tiene la voluntad de actuar contra los clubes más grandes, un mensaje que reforzó la credibilidad del mecanismo pero que también puso de manifiesto sus limitaciones: las irregularidades contables se detectaron años después de producirse, lo que plantea preguntas sobre la capacidad de supervisión en tiempo real.
Financial Sustainability de la UEFA
A nivel europeo, los clubes italianos que participan en competiciones UEFA — Champions League, Europa League, Conference League — deben cumplir además con las Financial Sustainability Regulations, que sustituyeron al antiguo Financial Fair Play en 2022. El nuevo marco introduce tres pilares: la regla de no sobreendeudamiento, el requisito de costes de plantilla (que no deben superar el 70 % de los ingresos relevantes) y la norma de equilibrio financiero (que limita las pérdidas acumuladas a 60 millones de euros en tres temporadas).
Para los clubes italianos, el cumplimiento de estas normas es un desafío real. El déficit neto agregado de los veinte clubes de la Serie A fue de 369 millones de euros en 2023/24, según BS Sport Management. Aunque la cifra mejoró respecto al año anterior (441 millones), sigue siendo un indicador de que la mayoría de los clubes italianos opera con pérdidas estructurales que tensionan los límites de la regulación UEFA.
Las sanciones de la UEFA por incumplimiento pueden incluir multas, limitación del número de jugadores inscritos en competiciones europeas, exclusión de torneos y, en los casos más graves, retirada de títulos. Varios clubes italianos han firmado acuerdos de settlement con la UEFA — compromisos de reducción de déficit a cambio de evitar sanciones inmediatas — que condicionan su política de fichajes durante varios años.
Inter, Milan y Roma han operado bajo distintos tipos de acuerdos con la UEFA en los últimos ciclos. Estos compromisos obligan a los clubes a presentar planes de reducción de pérdidas con plazos definidos, y su incumplimiento puede activar sanciones automáticas. El efecto práctico es que los directores deportivos de estos clubes negocian fichajes con un ojo en la calidad del jugador y otro en el impacto contable de la operación — un equilibrio que no siempre resulta en las mejores decisiones deportivas.
La tensión entre competir al máximo nivel y cumplir con las regulaciones financieras es uno de los grandes debates del fútbol europeo contemporáneo. Los clubes italianos no son los únicos que enfrentan este dilema, pero la combinación de un mercado doméstico de derechos televisivos que no ha crecido al ritmo esperado y una estructura de costes inflada por décadas de gestión laxa convierte al calcio en un caso de estudio particularmente ilustrativo de las contradicciones del modelo. Luigi De Siervo, CEO de la Lega Serie A y vicepresidente de la World Leagues Association, ha subrayado la necesidad de una voz institucional fuerte: «Es crucial que las Ligas tengan una voz cada vez más autorizada e influyente en las mesas de decisión clave», declaró a la World Leagues Association.
El estado financiero de la Serie A
La paradoja de la Serie A es que genera más ingresos que nunca — 3 800 millones de euros de facturación conjunta en 2023/24 — y sin embargo la mayoría de sus clubes sigue operando en números rojos. Solo siete de los veinte clubes cerraron el ejercicio con beneficio, liderados por Napoli con 63 millones de euros de ganancia neta. El resto, incluyendo a varios de los grandes, acumuló pérdidas que, aunque se están reduciendo, siguen siendo significativas.
La estructura de costes es el problema central. Los salarios de los jugadores representan la partida más voluminosa del gasto de cualquier club, y la competencia por el talento — tanto dentro de Italia como en el mercado europeo — ejerce una presión alcista constante. Las amortizaciones de los derechos de traspaso de los fichajes añaden otra capa de coste que, en clubes que han invertido agresivamente, puede pesar durante tres, cuatro o cinco años en el balance.
Luigi De Siervo, CEO de la Lega Serie A, ha identificado los estadios como la palanca clave para equilibrar las cuentas: «Los estadios son la verdadera brecha con la Premier League. Afortunadamente, estamos empezando a cambiar». La frase apunta a la solución estructural: si los clubes italianos pudieran generar ingresos por matchday al nivel de los ingleses, el déficit se reduciría drásticamente sin necesidad de recortar salarios ni limitar fichajes. Pero esa solución exige inversiones de cientos de millones y plazos de ejecución que se miden en lustros, y mientras tanto, el fair play financiero sigue siendo el marco que determina cuánto puede gastar cada club sin cruzar la línea roja.
