Serie A

Descenso en la Serie A 2025/26: cómo funciona y quién está en peligro

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El descenso en la Serie A es, cada temporada, una historia de supervivencia que se escribe en las últimas jornadas. Tres equipos abandonan la élite del fútbol italiano al término de cada campaña, y en el curso 2025/26 los candidatos al drama ya empiezan a perfilarse. No se trata solo de puntos ni de diferencia de goles: bajar a la Serie B implica una sacudida financiera, deportiva y social que puede marcar a un club durante décadas.

El sistema italiano de relegación tiene reglas claras, pero la incertidumbre es parte del guion. Equipos recién ascendidos conviven con históricos en horas bajas, y las simulaciones estadísticas de Opta ofrecen una primera radiografía de quién ocupa la zona roja y quién respira con algo más de margen. Lo que sigue es un análisis completo del mecanismo de descenso, los pronósticos basados en datos y el verdadero coste de perder la categoría en una liga que mueve miles de millones.

El sistema de descenso: tres billetes de vuelta a Serie B

La mecánica es directa: los tres últimos clasificados de la Serie A al finalizar las 38 jornadas descienden a la Serie B. No hay playoff de permanencia ni repesca posible. El puesto 18, el 19 y el 20 recogen sus cosas y bajan un escalón. Así ha funcionado la liga italiana desde que se fijó el formato actual con veinte equipos, y así sigue en la temporada 2025/26.

Para determinar esas posiciones, el criterio de desempate difiere del que se aplica en LaLiga. En la Serie A, si dos o más equipos terminan igualados a puntos, se recurre primero a los enfrentamientos directos entre ellos — una mini-clasificación que contempla puntos, diferencia de goles y goles a favor en esos duelos particulares. Solo si persiste la igualdad se pasa a la diferencia de goles general, después a los goles anotados y, como último recurso, al sorteo. Esa prioridad de los face-to-face sobre el goal average global convierte cada partido directo entre rivales de la zona baja en una final anticipada.

La temporada pasada ofreció un recordatorio amargo del funcionamiento del sistema. Monza, Venezia y Empoli completaron el descenso en 2024/25. Monza no pudo mantener el impulso que le había llevado a la Serie A tras décadas de ausencia; Venezia acusó la irregularidad de un plantel corto; y Empoli, pese a una primera vuelta digna, se desinfló después de enero. Los tres comparten un patrón común: plantillas limitadas en profundidad y una dependencia excesiva de un bloque titular que, cuando se resintió por lesiones o sanciones, no tuvo recambio.

En su lugar ascendieron Sassuolo, tras apenas un año en la Serie B; Cremonese, que regresó después de dos temporadas fuera; y Pisa, protagonista de la historia más emotiva al volver a la máxima categoría tras 34 años de ausencia. Tres billetes de vuelta a Serie B están en juego de nuevo, y la pregunta es si alguno de estos recién llegados ocupará uno de ellos.

Pronósticos Opta para la temporada 2025/26

Las simulaciones de Opta, basadas en 10 000 iteraciones que modelan el resto de la temporada a partir del rendimiento acumulado, son la herramienta más rigurosa para cuantificar el riesgo de cada equipo. Y sus números no dejan lugar a la ambigüedad: Pisa encabeza la lista con un 38,2 % de probabilidad de descenso, según los datos publicados por beIN Sports. Es el porcentaje más alto de toda la liga, y refleja la combinación de un plantel diseñado para competir en Serie B con las exigencias de una categoría que no perdona.

Pisa regresó a la Serie A tras una ausencia que abarca toda una generación, una gesta que convirtió al club toscano en la gran historia romántica del verano. Pero el romanticismo tiene fecha de caducidad en el fútbol profesional. Su presupuesto es uno de los más modestos del campeonato, su experiencia en la máxima categoría es prácticamente nula en términos de plantilla, y el salto competitivo respecto a la Serie B se nota en cada jornada. Que Opta le asigne casi dos de cada cinco simulaciones como descendido indica que el modelo detecta carencias estructurales que difícilmente se corrigen con voluntad.

Cremonese y Sassuolo completan el trío de recién ascendidos, aunque sus perspectivas son algo menos sombrías. Sassuolo, con una temporada reciente en la élite y un proyecto deportivo más consolidado, parte con un margen de maniobra superior. Cremonese se sitúa en una posición intermedia: ni el optimismo de quien acaba de ganar la Serie B con autoridad ni la fragilidad de quien lleva décadas fuera del mapa. Ambos necesitarán una primera vuelta sólida para alejarse de la zona roja antes de que los números se vuelvan irreversibles.

Más allá de los promovidos, Opta también señala a equipos que llevan tiempo en la Serie A pero que arrastran plantillas envejecidas o problemas institucionales. Cagliari, Lecce y Verona suelen aparecer en las franjas de riesgo medio-alto, con probabilidades de descenso que oscilan entre el 15 % y el 25 %. Son clubes que conocen la categoría, pero que dependen de un mercado de fichajes limitado y de la estabilidad de un par de jugadores clave. Cuando esas piezas fallan, la caída es rápida.

Las simulaciones no son profecías, pero sí un termómetro fiable. Desde que Opta sistematizó su modelo para la Serie A, los equipos con probabilidad de descenso superior al 30 % han acabado bajando en más de la mitad de los casos. Pisa, con su 38,2 %, tiene la estadística en contra. Revertirla exigirá algo más que épica: exigirá puntos.

Qué significa el descenso para un club

Descender no es solo perder partidos: es perder dinero, estructura y, a menudo, identidad. El impacto financiero de caer a la Serie B se mide en decenas de millones de euros que desaparecen de un ejercicio al siguiente. El actual contrato doméstico de derechos televisivos de la Serie A, valorado en 4 500 millones de euros por cinco temporadas según Sportico, se distribuye entre los veinte clubes en función de criterios que combinan partes iguales, rendimiento deportivo, historial y audiencia. Un equipo que desciende deja de percibir esa porción y pasa a depender de los ingresos mucho más modestos de la Serie B.

La diferencia puede ser brutal. Un club de media tabla en la Serie A recibe entre 30 y 40 millones de euros anuales solo por derechos de televisión domésticos. En la Serie B, esa cifra se reduce a un rango de 5 a 8 millones. Si el descenso coincide con contratos de jugadores firmados con salarios de primera división, el desequilibrio presupuestario puede llevar al club a una espiral de deuda que tarda años en resolverse.

Más allá de la contabilidad, está el efecto deportivo en cadena. Los mejores jugadores incluyen cláusulas de rescisión vinculadas a la categoría o, directamente, negocian su salida en cuanto se confirma la relegación. El club pierde activos deportivos en el peor momento posible — cuando necesita reforzarse para subir de inmediato — y a menudo debe malvender para equilibrar las cuentas. Venezia es un ejemplo reciente: tras su descenso, perdió a varias piezas titulares y afronta la reconstrucción desde una posición de debilidad negociadora.

El componente social tampoco es menor. En ciudades donde el equipo de fútbol es el principal referente cultural, bajar a la Serie B supone un golpe al orgullo colectivo que trasciende el deporte. Pisa lo sabe mejor que nadie: tardó 34 años en regresar a la élite, y esa ausencia prolongada transformó la relación de la ciudad con su club. Ahora que ha vuelto, la presión por mantenerse es enorme, porque la memoria de lo que significa caer sigue muy viva.

En la Serie A, tres billetes de vuelta a Serie B se reparten cada mayo. El sistema no negocia, no concede prórrogas ni atiende a la historia. Funciona con la misma lógica desde hace décadas, y esa implacabilidad es parte de lo que hace al calcio tan absorbente — y tan despiadado.