La audiencia de la Serie A lleva años mirando más allá de las fronteras italianas, pero nunca con tanta determinación como ahora. Lo que durante décadas fue un producto televisivo consumido casi exclusivamente en Italia y en las diásporas del Mediterráneo se ha convertido en una marca global con ambiciones concretas en mercados que, hasta hace poco, apenas distinguían el calcio del catenaccio.
Estados Unidos lidera esa expansión con cifras que sorprenden incluso a los optimistas. Australia se ha convertido en un laboratorio para experimentos que ninguna otra liga europea ha intentado. Y en medio de todo, la Lega Serie A ha desplegado una red de embajadores — nombres legendarios del fútbol italiano — para acelerar un crecimiento que los números ya confirman. El calcio sin fronteras no es un eslogan: es una estrategia que empieza a dar resultados medibles.
El boom en Estados Unidos
El dato más elocuente del giro internacional de la Serie A lleva sello estadounidense: en la primera mitad de la temporada 2024/25, la audiencia en Estados Unidos creció un 50 % respecto al curso anterior, según datos publicados por Football Italia. No es un repunte marginal ni un efecto puntual de un partido mediático. Es una tendencia sostenida que se apoya en una infraestructura televisiva nueva y en un mercado que empieza a entender que el fútbol italiano ofrece algo diferente.
La pieza clave de esa infraestructura es CBS. La cadena estadounidense se hizo con los derechos de la Serie A e incorporó el campeonato a su parrilla con una apuesta inédita: más de 1 000 horas de programación dedicada al calcio, incluyendo más de 600 horas de emisión en directo. No se trata de rellenar huecos de madrugada; CBS ha dado a la Serie A ventanas horarias competitivas y una producción que eleva la percepción de la liga entre el público norteamericano.
El primer fruto tangible fue el estreno oficial. El Parma–AC Milan de agosto de 2024, primer partido de la Serie A emitido en CBS, atrajo a 360 000 espectadores en televisión abierta, un récord para el calcio italiano en OTA (over-the-air) en Estados Unidos, según World Soccer Talk. Para contextualizar: la MLS en su momento tardó varias temporadas en consolidar audiencias similares en cadenas generalistas.
Andrea Pirlo, embajador de la Lega Serie A en Norteamérica, resumió la dinámica con la claridad que le caracterizaba dentro del campo: «He visto de primera mano la pasión por el fútbol italiano aquí. Es increíble ver cuánto ha crecido, con transmisiones y eventos que acercan a los aficionados al juego». Pirlo no habla desde la teoría: vivió y jugó en Nueva York, y su testimonio conecta la experiencia personal con los datos que respaldan el crecimiento.
El impulso no es solo televisivo. La Serie A ha multiplicado sus acciones de marketing en suelo estadounidense — eventos en ciudades como Nueva York, Los Ángeles y Miami, colaboraciones con creadores de contenido y presencia en plataformas de streaming — para construir una base de aficionados que no dependa exclusivamente de la nostalgia por los años dorados del calcio. El objetivo es captar a un público joven, habituado a consumir fútbol como entretenimiento global, y para ello el producto en pantalla tiene que estar a la altura. Los números sugieren que empieza a estarlo.
Expansión en otros mercados
Si Estados Unidos es el mercado donde la Serie A ha encontrado tracción inmediata, Australia representa el terreno donde la liga está dispuesta a romper moldes. El plan más audaz de la temporada 2025/26 llevaba nombre propio: Milan–Como, programado para el 8 de febrero de 2026 en Perth, habría sido el primer partido oficial de una liga top-5 europea disputado fuera del continente. La idea surgió porque San Siro estaría ocupado por la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026, prevista para el 6 de febrero, y la Lega decidió convertir un problema logístico en una oportunidad de expansión.
El proyecto, finalmente cancelado, dejó sin embargo un mensaje claro sobre la dirección estratégica de la liga. Luigi De Siervo, CEO de la Lega Serie A, lo explicó con una metáfora que no necesita traducción: «Si quieres preguntar a un atleta si quiere volar 20 horas para jugar un partido de liga, dirá que es una locura. Pero esto se trata de si queremos el huevo hoy o la gallina mañana. Quien desarrolla un producto deportivo debe pensar a 5-10 años vista». La frase condensa la tensión entre el corto plazo — la comodidad de jugadores y calendarios — y la visión a largo plazo de una liga que necesita crecer fuera de Italia para competir económicamente con la Premier League.
Australia no es una elección caprichosa. La comunidad italiana en el país supera el millón de personas, y el fútbol es el segundo deporte más practicado entre los jóvenes. Melbourne y Perth ya acogen pretemporadas de clubes europeos con regularidad, pero un partido oficial de liga es otra cosa: implica puntos reales, consecuencias reales y una cobertura mediática que ningún amistoso puede replicar. Que la Serie A fuera la primera en intentarlo — por delante de la Premier League, LaLiga o la Bundesliga — dice mucho sobre la urgencia de su apuesta internacional.
Más allá de Australia, la liga italiana ha firmado acuerdos de distribución en mercados emergentes de Asia, Oriente Medio y África subsahariana. La lógica es sencilla: donde la Premier League ya domina, la Serie A compite en precio y en narrativa — el romanticismo del calcio, la historia táctica, los derbis centenarios — para captar nichos que el fútbol inglés no termina de cubrir.
El papel de los embajadores
Una liga no se vende sola, y la Serie A lo sabe. Por eso ha reclutado a algunos de los nombres más reconocibles de su historia reciente para ejercer de embajadores en los mercados clave. Andrea Pirlo en Estados Unidos. Marco Materazzi como figura global. La elección no es casual: son jugadores cuyas carreras trascendieron el fútbol italiano y que conectan con generaciones distintas de aficionados.
Materazzi, campeón del mundo en 2006 y protagonista de uno de los momentos más recordados de la historia de los Mundiales, sintetizó el valor de la marca Serie A con precisión: «La Serie A tiene una historia legendaria que resuena en todo el mundo, y este evento demuestra su capacidad para atraer nuevas audiencias». No es retórica vacía cuando la dice alguien cuya imagen sigue siendo viral dos décadas después de la final de Berlín.
El rol de estos embajadores va más allá de la foto promocional. Participan en eventos presenciales, giras mediáticas y colaboraciones con plataformas digitales que buscan traducir el prestigio histórico en suscripciones y audiencia real. Es una estrategia que LaLiga y la Premier League han ejecutado con éxito durante años, y que la Serie A adopta con retraso pero con un activo diferencial: pocos campeonatos del mundo pueden presumir de un catálogo de leyendas tan amplio y tan reconocible fuera de sus fronteras.
El calcio sin fronteras empieza a dejar de ser una aspiración. Los datos de audiencia en Estados Unidos, la ambición del proyecto australiano y la red de embajadores configuran una estrategia que, por primera vez en décadas, sitúa a la Serie A en la conversación global del fútbol como producto de entretenimiento. Queda camino, pero la dirección ya no se discute.
